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Anecdotas Varias PDF Imprimir E-Mail

Para morirse de risa.

Poco después de que Joseph Priestley descubriera el óxido nitroso, los científicos se percataron de que este gas no era tóxico, pero producía unos efectos insólitos cuando era inhalado: las personas se alteraban y se ponían a cantar, pelear y, sobre todo, reír. De ahí que fuera bautizado como gas hilarante. Éste se puso de moda en las fiestas a uno y otro lado del Atlántico. El azar tomó cartas en este asunto gaseoso en 1844, durante un espectáculo con óxido nitroso que organizaba el profesor Gardner Colton, en Hardford (Conneticut). Casualmente, en la atracción se hallaba un joven llamado Samuel Cooley y su amigo Horacio Wells, un dentista. Colton pidió voluntarios para inhalar el gas. Cooley no se lo pensó dos veces. Después de aspirarlo, el joven se puso violento, provocó una pelea y cayó accidentalmente. El golpe lo calmó y se sentó tranquilamente junto a Wells. Al cabo de un rato, éste noto un charco de sangre bajo la silla de su amigo. Al seguir su rastro, se encontró con que venía de un corte profundo en la pierna de Cooley. El dentista pronto se percató del significado del suceso; poco después, llamó a un colega de profesión y le pidió que le extrajera una muela picada bajo los efectos del gas de la risa. La carrera hacia los anestésicos había dado el pistoletazo de salida.

Una mancha que se come bacterias

En 1928, una placa de cultivo donde Alexander Fleming observaba el crecimiento de las bacterias se había contaminado por accidente con esporas del moho Penicillium notatum. Estas quizás llegaron hasta allí flotando por el aire desde el laboratorio existente dos pisos inferiores del hospital Santa María de Londres, donde científicos investigaban alergias realizando experimentos con estos hongos microscópicos. Probablemente, Fleming dejó en la mesa de trabajo un cultivo de bacterias, en una habitación carente de calefacción, mientras pasaba unas vacaciones de tres semanas. La temperatura en el recinto era lo suficientemente fría como para permitir el crecimiento del moho y, a la vez, lo suficientemente calurosa como para hacer crecer la bacteria. A su vuelta, Fleming observó que los agentes bacterianos que se hallaban cerca del moho habían muerto. Evidentemente, una potente sustancia antibiótica, que el llamó penicilina, se había ido extendiendo desde el moho.


La barbacoa desaparecida

Una pareja salió a cenar y cuando regresaron les faltaba la barbacoa. No avisaron a la policía de inmediato. Al día siguiente, cuando volvieron a casa al salir del trabajo, se encontraron con la barbacoa en su lugar con una nota, algo parecido a: “Perdón por haberles cogido la barbacoa sin permiso: teníamos invitados y la nuestra se quedó sin gas, así que cogimos la suya prestada la suya. Para disculparnos por los inconvenientes les dejamos dos entradas para un espectáculo.
La pareja se fue al centro y cuando regresaron les habían desvalijado la casa.

Secretos policiales

En una conferencia sobre periodismo que se celebró en California el año pasado un reportero contó que, mientras estaba navegando por la red en el sistema on-line del estado, dio con un mapa de la policía con algunas direcciones marcadas.
Pensando que serían escenarios de crímenes, empezó a visitar los lugares señalados. El mapa resultó ser la situación de las tiendas de donuts de la comarca

¡Maldición! ¡Otra vez asada!

Una joven iba a asistir a una boda, pero no le gustaba lo pálida que estaba. Como los centros de bronceado tienen límites de treinta minutos al día, visitó varios sitios diariamente para acelerar la velocidad del bronceado.

Tras varias semanas de seguir este ritmo se dio cuenta de que no se encontraba demasiado bien y de que olía bastante mal, incluso recién bañada.
Fue a ver a un médico, quien, después de examinarla, le dijo que se había cocinado los órganos internos a base de una sobreexposición a rayos UVA. El olor provenía de la corrupción de aquéllos y, lo que era peor, a la irresponsable muchacha sólo le quedaban dos semanas de vida.

El melón envenenado

Un granjero estaba perdiendo muchos melones por culpa de las incursiones nocturnas de que era objeto su plantación, así que puso un cartel que decía: “¡Cuidado! Hay un melón envenenado en este huerto”. Al día siguiente se encontró con que no le faltaba ni un solo melón, pero alguien había cambiado el cartel, que ahora decía: “Hay dos melones envenenados en este huerto”.

Cómo ahorrar impuestos

Un domingo, al acabar el servicio religioso, un feligrés entró en la sacristía de la iglesia con la intención de que le hicieran efectivo un cheque, ya que, según explicó “todos los bancos están cerrados y ando corto de fondos”. Quería extender un cheque por el importe del dinero suelto del cepillo de las limosnas: sólo por los billetes y monedas que no fueran en sobres. Los acólitos estuvieron de acuerdo y la situación se repitió en varias ocasiones. Puesto que los acólitos cambiaban cada semana, tardaron algún tiempo en darse cuenta de que la misma persona estaba extendiendo un cheque semanal de entre 10 y 40 dólares a nombre de la iglesia. Al final se percataron de que estaba obteniendo una deducción de impuestos por hipotéticos donativos y sin gastar un solo centavo.

Hombre se casa 53 veces

Un hombre de 72 años natural de Malasia se ha casado esta semana por quincuagésimo tercera vez. El insiste en que no es un playboy a pesar de que alguno de sus matrimonios duraron sólo unos días. Su último enlace ha sido con la misma mujer que el primero: se ha vuelto a casar con su ex-mujer, de la que se divorció en 1958. Desde entonces, se casó con otras 51 mujeres, incluyendo a una inglesa y dos tailandesas. "Yo no soy un playboy, sólo me gusta ver mujeres bonitas", declaró al periódico "New Straits Times". Todos sus matrimonios previos terminaron en divorcio menos el último, en el que su mujer murió de cáncer. El más corto duró dos días, hace varios años, y el más largo fue el último, en el que estuvo casado 20 años. Él es musulman, y su religión le permite tener hasta cuatro mujeres a la vez. Tradicionalmente, el divorcio se puede

Arte y ortografía

Livermore, una ciudad de California que se enorgullece de ser un centro de ciencia, se va a gastar varios miles de dólares en corregir muchos nombres que no están bien escritos en un mosaico que hay en la biblioteca de la ciudad. El mosaico, que costó 40.000$ en su momento, tiene mal escrito el nombre de Albert Einstein, William Shakespeare y otros pesos pesados de la historia. En total el arreglo costará 6.000$. La autora de la obra, María Alquilar, de Miami, dijo que los errores podrían haber sido descubiertos si los oficiales de la ciudad hubieran inspeccionado el mosaico antes de su instalación, como ella solicitó.

Los retretes ahora 'hablan'

Se trata de una iniciativa de un creador holandés, Leonard van Munster (artista autor de, por ejemplo, la obra de net-art Solo-para-adultos, un peculiar peep-show en Internet), que no quiere que su obra, llamada Private Room 02, se quede en un mero experimento artístico. El retrete incluso se permite el lujo de abroncar (de forma educada, eso sí) determinados comportamientos de los usuarios, tales como orinar fuera de la taza. Además, la voz advierte a la siguiente persona de la falta de higiene del lugar, por si acaso. "¿Se ha lavado usted las manos?", pregunta con tacto cuando el sistema detecta el momento adecuado. También tiene programado emitir mensajes contra el tabaquismo, en un intento por diversificar su uso. Este sistema podría llegar a ponerse de moda entre los cafés de diseño. Según Reuters, el creador no cierra la posibilidad de comercializar este tipo de retrete a todos aquellos establecimientos interesados.

La mascota del microondas

Windhoek, Sudáfrica.- n esta localidad, una nerviosa anciana maldice la moderna tecnología porque su querido gato ha muerto en el horno microondas.

El subastador Ferry Heij contó que esta mortificada mujer le había llamado para decirle que quería vender el horno.

Le explicó que su gato se había empapado después de estar bajo la lluvia y ella pensó que la mejor manera de secarlo era meterlo en el microondas.

Metió el gato, puso el temporizador en “descongelar” y lo encendió.

La anciana le contó al señor Heij que el pelo del gato se puso inmediatamente de punta y diez segundos después explotó.

El vendedor limpió los pelos del horno y lo vendió por 150 rands.


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