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¿Quién no ha visto una obra de Alphonse Mucha? Sus pinturas y dibujos han sido reproducidos en
millares de carteles, en cajas de galletas y papel de liar cigarrillos, en postales y sellos, en monedas y
jabones. En España, fue durante años la imagen del chocolate Amatller. Y sin embargo, pocos
asocian su nombre a sus imágenes, que se han convertido en un símbolo de la estética art nouveau.
Tras gozar de un éxito extraordinario y convertirse en el padre del diseño gráfico moderno y uno de
los más reconocidos precursores de la publicidad y las actuales técnicas de merchandising, Mucha
sigue siendo un gran desconocido.
Ropas vaporosas, sus cabellos entrelazados, espirales, adornos florales y folclóricos, todo se une en
un sinuoso ritmo que embellece cada pequeño detalle y eleva lo cotidiano al nivel artístico.
Simplemente es un autor que merece ser recordado
Mucha, que nació en la antigua Checoslovaquia, fue uno de los personajes centrales de la vanguardia
artística simbolista en el París de finales del siglo XIX. Era amigo de muchos artistas y en el estudio
que compartía con Gauguin acogió una de las primeras proyecciones de los Lumière.Mucha volvió a su tierra natal en 1910, tras haberse hecho rico y famoso en Francia, Inglaterra y
Estados Unidos, y mantener relaciones profesionales con Italia y España, entre otros países. Su
carácter introspectivo, su idea mesiánica del arte y su interés por los rituales esotéricos y la
masonería, de la que llegó a ser gran maestro, le llevaron a centrarse en la historia y la cultura de los
pueblos eslavos, que representó en la Epopeya eslava, un conjunto de murales que se presentan en
vídeo. Durante la II Guerra Mundial su nacionalismo desató las iras de los ocupantes alemanes, que le
mantuvieron prisionero a pesar de su fama y su avanzada edad. Le soltaron en 1939, pero nunca se
recuperó de ver su hogar invadido y vencido, y murió aquel mismo año en Praga.
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