Gente + Alta PDF Imprimir E-Mail
En Europa la talla media de un adulto es de 1,73 m. Las personas adultas que miden menos de 1,20 m son consideradas enanas y sufren una insuficiencia de hormonas del crecimiento.
El pueblo de los pigmeos, que vive en un bosque tropical de Áfricacentral, tienen una talla media en edad adulta de 1,30 m. Ésta equivaleen Europa a la talla media de los niños de 11 años. Los niños pigmeosno son especialmente pequeños, pero su crecimiento se ralentiza enseguida al llegar a la edad adulta.

En cambio, la tribu más altadel mundo es la de los esbeltos tutsi (llamados también watusi) deRuanda y Burundi, en África central, y los dinka de Sudán. En el casode los primeros, la talla media es de 195,5 cm entre los hombres y177,8 cm entre las mujeres.
 Es el hombre más alto del mundo: dos metros y 36 centímetros. Se llama Xi Shun, es de Mongolia y obtuvo el título del libro de los récords de Guinness el año pasado, título que nadie le ha disputado hasta ahora.

La vida no le ha sido fácil.

Durante mucho tiempo quiso ser como el resto y no sobresalir siempre mirando al mundo desde la lejanía de sus ojos escarpados.

La diferencia respecto a sus semejantes es permanente: la sensación de monstruosidad, un fantasma que lo perseguía frente al espejo.

Debieron construirle una casa específicamente adaptada para su altura de modo que pudiese entrar y no se chocase continuamente con el techo o las luces.

Su cama es de esas que no se consiguen en ningún lugar: mide dos metros sesenta centímetros. La ropa tiene que ordenarla especialmente para que quepa en sus medidas descomunales.

Satisfecho

Como el resto de los gigantes, anda encorvado como para acercar ese mundo que es tan pequeño a su lado.

La vida amorosa no le ha resultado fácil. Xi Shun no se ha casado ni tiene hijos.

Curiosamente, hasta los 16 años era de una altura media, normal.

Pero a esa edad en que todos los humanos empiezan a frenar ese proceso acelerado de crecimiento que ocurre en la adolescencia, Xi Shun hizo lo contrario: se disparó y empezó a crecer hasta convertirse en el hombre más alto del mundo.

Hoy, por fin, dice que le gusta ser como es: el hombre que ha batido todos los récords de altura.

 

Leonid Stadnyk

 
  Tiene 34 años y hace 20 fue operado de un tumor cerebral, cirugía que dañó su hipófisis y le significó no parar de crecer.

Leonid Stadnik hace tiempo que no se mira al espejo y hasta cambia la vista para evitar verse reflejado en las ventanas de la casa que comparte con su madre en un perdido poblado de Ucrania. "Ni yo mismo sé lo que mido ni lo que peso", dice este hombre de 34 años, pues la última vez que se sometió a la huincha de medir marcó 2 metros y 55 centímetros, estatura que supera el récord Guiness del tunecino Radhouan Charbib, hasta hoy el "hombre más alto del mundo".

Con sus 200 kilos de peso, Leonid es licenciado en veterinaria, pero debió abandonar su profesión, pues sus enormes proporciones no lo dejaban hacer bien su trabajo. Desde entonces se desempeña en una granja, enfrentando a diario las barreras de un mundo en miniatura, según sus ojos.

La vida de este ucraniano fue normal hasta los 14 años, cuando le descubrieron un tumor cerebral. Lo operaron para extirpárselo y desde entonces su cuerpo no ha parado de crecer. Los médicos dañaron su hipófisis -que genera las hormonas que influyen en el crecimiento-, lo que además deterioró su vista, cuenta él con pesar pasando su mano de 31 centímetros por la cabeza. Su enfermedad: acromegalia.

Si bien podría operarse los ojos, teme no quedar bien y pasar a ser una carga para su madre viuda y enferma. "El trabajo es muy pesado aquí. Sólo descansamos para las fiestas religiosas", cuenta al diario español "El Mundo". "Mi vida es la de un típico campesino ucraniano. Me levanto a las 5:30 de la mañana para trabajar la parcela. A eso de las 9:30 de la noche tenemos el tercer ordeño, damos de comer a los animales y luego a dormir", explica con vozarrón espeso.

Otro de sus grandes problemas es la ropa. Su talla es siete veces XL y sus zapatos son del número 61, por lo que le es imposible conseguirlos. "Un belga prometió enviarme calzado para el invierno", cuenta. "Tengo traje de gala y camisetas, pero me falta ropa de trabajo y de invierno", reclama.

Y es que Leonid trata de hacer una vida normal, pero su enorme cama -donada por una institución- delata que alguien es distinto en la casa. Antes, dormía sobre dos viejos divanes, y eso alegra su existir, aunque para él la verdadera felicidad la vivió en la infancia, cuando podía recoger flores y la gente no se volteaba a mirarlo.
 
 
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