Si bien unos más altos que otros, y con tendencia a la baja cuando la situación apremia. O si no, que se lo digan a este chavalote, que se come una oruga por la astronómica cifra de 2 dólares.
En fin, hay que ser [dejo el calificativo a la elección de cada uno].
La próxima vez, que se coma una oruga de la polilla Acharia stimulea (sus espinas venenosas son todo un manjar), una de Megalopyge opercularis, el monstruo peludo, o una de Phobetron pithecium, the walking spaghetti monster. El menú completo lo incluyo en las referencias. Gastos de hospitalización y desintoxicación no incluidos.
Y hablando de entomofagia (que no es algo tan asqueroso como puedan pensar algunos), no puedo dejar de recomendar el blog Mushikui, una fuente constante de inspiración gastronómica de donde salió aquella delicatessen de brochetas de avispón gigante japonés.